Sazona 600 gramos de pechuga de pollo cortada en cubos con sal marina y pimienta negra molida a tu gusto.
Calienta el wok a temperatura media/alta (depende de la estufa que tengas, la idea es que se caliente muy bien antes de empezar la cocción)
Agrega 1-2 cucharadas de aceite de oliva al wok y cuando el aceite esté muy caliente, sella el pollo en tandas pequeñas para no saturar el wok. La idea en este paso es dorar el pollo, pero no terminar su cocción. Conforme vayas sellando los cubos de pechuga de pollo, los vas retirando del wok, hasta sellar o dorar los 600 gramos. Lo reservas en un recipiente para guardar los jugos que suelte.
Cuando hayas sellado todo el pollo, agrega una cucharada de aceite de oliva y agrega la cebolla. Con la ayuda de una espátulas revuelves muy bien para mezclar la cebolla con todos los jugos que haya soltado el pollo.
Apenas la cebolla se empiece a transparentar, baja la temperatura del wok a medio y agregas 3 dientes de ajo aplastados o finamente picados y 1½ cucharada de jengibre, revuelves muy bien todos los ingredientes, y sobre una pequeña parte del fondo del wok pones 1 cucharada de garam masala (solo para tostarlo un poco) y lo revuelves con el resto de los ingredientes.
Agrega 50 gramos de mantequilla de maní, revolviendo constantemente, a continuación agrega 300 gramos de tomate triturado y cuando todo esté integrado e hirviendo de manera enérgica, agregas la leche de coco.
Cuando la salsa vuelva a hervir, agrega el pollo junto con los jugos que haya liberado. Ajusta el sabor con sal marina y pimienta negra molida a tu gusto y cocina a fuego medio/bajo hasta que el pollo esté cocido. Aquí te recomiendo evitar que se te reseque la salsa o el pollo. Esta cocción es rápida, no mas de 5 minutos.
Sirve de inmediato sobre una base de arroz blanco con ajonjolí tostado y láminas de zanahoria aliñadas con aceite de oliva y pimienta de cayena y para realzarle el color al plato, termina con unas hojas de cilantro fresco.